La insaciable espera del reloj, que marque el número correcto, en el instante preciso, mientras a mí alrededor el sonido de hojas se hace infernal, abominable, tan indescriptible para los ojos ajenos. El susurro agudo entre rizas bajas me carcome, con deseo de que el silencio gobierne este cuarto, el sudor de mi frente mientras miro el muro blanco, la presión que sube de las letras impregnadas en el papel, puedo sentirlo, pero no lo analizo si no más bien lo redacto para liberarme de este sentimiento, para no volverme loco, aquí y ahora.
Tratan de pensar más de lo que su capacidad los limita, mientras esa voz te advierte sobre el reloj, si, ese ansiado reloj que nos deja claro que no estamos perdidos en el espacio. Te sigue explicando que el reloj les aprisiona su capacidad, como ansío poder comprobar que ese reloj no es nada, que no significa nada, nada que no hayamos querido darle.
Imagines, miradas, gestos, esa puerta azul, el frío en los dedos, las personas, el suelo gris y este lápiz negro, no tienen un significado relevante, ¿porque un reloj redondo y amarillo lo tendría? …
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