jueves, 8 de abril de 2010

Engaños invisibles




La noche siempre encuentra la forma de engañarte, de envolverte en su completa oscuridad, para así hacerse dueña de tus más profundos sueños, esos que hasta tú mismo ignoras. Esa noche en especial le hizo creer que ella estaba cansada, se durmió más temprano que lo de costumbre, y le quito lo más valioso que poseía; su felicidad. Al despertar no tenia ganas de nada, es como si te quitaran tu energía, tu vitalidad. Miró el reloj y supuso que llegaría tarde, no le importó demasiado, con lentitud tiró las sabanas hacia atrás, se dirigió al baño, se dio una ducha de agua fría, al salir se dio cuenta que le faltaba dinero, iba a ir a pedirle a su padre pero él bajaba en ese momento las escaleras entonces ella le dijo desde donde se encontraba si le podría dar dinero, él comenzó a regañarla por no haberle dicho la noche anterior pero ella le dijo sabes no importa, no me des nada, adiós… el padre molesto le dijo no me vuelvas a decir nunca más eso mientras su mano golpeaba la espalda de ella, en respuesta a ese acto, ella le grito; te dije que no me volvieras a tocar, ahora me perdiste para siempre, tomo el dinero que el padre había arrojado y cerro la puerta con odio e impotencia, estaba molesta por la reacción que tuvo su padre, así que decidió sentarse en una banca que estaba más adelante, en unas pequeñas calles. Intento llorar pero pareciera que nunca hubiese sabido como llorar, ella necesitaba desahogarse pero no podía, y en ese momento recordó tener en su bolso un libro que siempre la hace llorar, lo tomo y comenzó a leerlo, sus ojos se llenaban de lagrimas pero no caían, se quedaban ahí y luego desaparecían. Como impulso tomó su celular y le envió un mensaje a él, a él que impulsaba sus sueños, luego pensó no debería habérselo enviado. Aún más triste ella vio como 3 adolescentes gritaban y saltaban, ella siguió con el libro en la mano, la observaron en silencio, algo que hizo notar su presencia, ella trato de evitar cualquier gesto, no se encontraba de humor para conversar…ellos se fueron, pero al rato se sentaron en una banca de más allá, ella se distrajo de su lectura por las risas, los miro con los ojos empapados en lagrimas, ellos entendieron que no debían hacer demasiado ruido, se pararon y se fueron, solo que tomaron el camino por la dirección donde ella se encontraba, los tres la miraron aunque ella solo veía palabras, se percata de tal hecho. Volvió a tomar su celular miro la hora y se dijo así misma; debo ir antes de que no me dejen entrar, camino a paso lento, sin animo, al llegar a la puerta de su liceo, la señora que se encontraba en portería se fijo en sus ojos, no dijo nada además de pedirle su libreta para así darle un pase, ella se sentó en una pequeña sala donde se hallaban unas 4 niñas, espero unos minutos cuando dio el cambio de hora, se paró y dirigió a su sala correspondiente, cuando entró la profesora la miró de la misma forma que lo hizo la señora de portería pero tampoco dijo nada.

Ella jamás sabría que esa misma noche cuando la noche le robó su felicidad, también se la quitó a su padre.



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